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Premio Habitantes de la Tierra: Emprendimiento Asociativo
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Premios Concurso Habitantes de la Tierra










Primer Premio: Categoría Emprendimiento Asociativo

Recuerdos de Pilar
Luis Felipe Avella


Introducción
Esta es una historia breve, que tiene que ver con el esfuerzo de todos los días. Nuestra pequeña empresa, es una Cooperativa, que a partir de este año 2009 ya tiene su carácter oficial y Nacional, luego de dos años de esperas y trámites.

Somos productores apícolas y estamos montando una planta para procesar alimentos, ya que, en nuestro horizonte vemos la siembra para alimentar nuestras colmenas y a la vez cosechar para transformar lo sembrado en alimentos. Estamos construyendo la planta procesadora a pequeña escala y la misión y la visión es darles a los productores la posibilidad de aumentar sus volumenes de producción y beneficiarlos con una comercialización más justa, que la que consiguen en este momento con los grandes acopiadores intermediarios. Los que nunca arriesgan nada y siempre sacan ventajas. Tratamos de dar capacitación en determinadas áreas, como la calidad, las buenas prácticas, la sanidad y todo lo referente a como optimizar los recursos que cada uno tiene a su alcance.

A Luis Felipe Avella, lo conocí a través de una videoconferencia en un curso el pasado 2008. Y al enterarme que Luis viajaba a la Argentina, lo invite a pasar unos días en mi casa. Así fue, que resulto este relato que presento, ya que considero una magnífica vista, bien ajena y bien lejana, pero muy próxima a la vez. Es eso que une a cada uno de nosotros a cada uno de los que vamos a participar en este concurso. Este relato es el fiel reflejo de nuestro grupo cooperativo. Aunque aquí estamos 3 de los integrantes, es lo que somos todos, así de simple y sencillo. Y que luego de la presentación del concurso en la rural, al ver este mail que Luis me mando al volver a Colombia, lo llame y le pedí su anuencia para presentarlo en el concurso, así que este es nuestro relato.

Juan Manuel Cuello
Grupo Agroapicola Pilar

Recuerdos de Pilar

Hola Juan Manuel.
Unas pequeñas y sencillas palabras. (Favor copiar-imprimir para Damián y Enrique). MUY FELIZ NAVIDAD Y 2009 PARA PILAR Y TODO SU BUEN COMBO.

Recuerdos de Pilar

Me veo en Pilar, más exactamente en una casa de campo con dos hectáreas de terreno, jardines y árboles y verdes y pájaros de primavera. Estoy en la mesa del comedor, a mis pies hay dos hermosas boyero de berna que de vez en cuando me rozan a propósito, buscando que les sobe el pecho. La casa tiene algo de parecido a la de mis abuelos en el barrio La Calleja de Bogotá, además de los espacios amplios en una sola planta, el cubre lecho rojo con negro de lana, idéntico al que tenía la cama de mi tío Diego –que estudió publicidad en Buenos Aires con pelo largo y barba y riesgo-, creo que también es el olor a fresco de los pisos de baldosa.

Ahora mismo suena el teléfono que nadie contesta. Juan está de siesta; Sofía, de compras; yo les estoy escribiendo.

Así pasan las cosas en este gigantesco país de hadas y duendes y diablos. Entre las hadas está Sofía, quien es la madre de Juan y es una señora de luz que no oye muy bien y su alegría está cifrada en la alegría de los otros, sobre todo al alimentarlos/nos. Con Sofía nos hablamos sonriendo y no es que se parezca mucho a mi abuela mamadela, es otra cosa, siento que a veces la una ríe utilizando el cuerpo de la otra. Le dije a Juan que su madre es una santa. Hoy en la mañana, que recuerdo de Pilar, me dijo: "te voy a extrañar. Sabes que esta siempre será tu casa."

Finalmente contesté el teléfono, era Enrique, el presidente de la Cooperativa Apícola del Pilar, quería decirme que el Ford Fiesta rojo de Damián tiene no sé qué problemas, por lo cual tenemos que buscar un carro desde la casa de Juan hasta el canal de televisión local, donde seré entrevistado en más o menos una hora.

Los duendes son Juan, Enrique y Damián; se parecen al trío de bohemios de El lado oscuro del corazón, andando con ellos por Pilar me siento simplemente feliz. Pero la suya es una bohemia social, llevan cuatro años de asado, son parte de 27 socios de una cooperativa apícola que cree en una Argentina más justa, han movido cielo y tierra y ya casi venden su primer frasco de miel de comercio justo.

Los diablos son los mismos de siempre, los de Pilar utilizan casuchas con cercas eléctricas para tener familias bolivianas trabajando 18 horas, pagadas (toda la familia) por un solo mal sueldo, en condiciones que compiten, en el peor sentido de la palabra, con las plantas de producción masiva de China. En otro cuento aparte, recuerdo que la señora María, andando por La Montañita, un pueblo del departamento del Caqueta en el corazón de la Amazonía Colombiana, me dijo que lo chino era bueno y barato; yo le conté de la explotación en China y contándole me acordé de Pilar, al fin la señora María dijo que nunca más compraría chino, ni de ningún malnacido que explotará a la gente.

Juan es el único hijo de Sofía y la trata con un cariño duro, una franqueza que recuerda el antepasado español de estas tierras. Juan se educó en Europa, donde vivió siete años. Ganó campeonatos jugando al hockey en patines de cuatro ruedas. Escaló picos reconocidos, el Aconcagua seis veces. Me contó que su padrastro había perdido todo lo de su madre (y lo de él) apostando a los caballos y que luego llegó la crisis… y que la casa-finca dónde ahora vivían era de la familia. Si encuentra a su padrastro lo mata, “despacito”, dice. Ahora Juan ha encontrado su norte en la Cooperativa. Y tiene a Ceci, su novia, y espera casarse pronto. Sofía le acepta todo, inclusive cuando él le dice enérgico: "la puta madre mamá, quién te había pedido que hicieras comida tan tarde". (Sofía nos había esperado hasta tarde despierta y nosotros comimos en el pueblo). El otro día Sofía me confesó: "los hijos son para quererlos toda la vida, pero te confieso que a éste a veces quiero matarlo, che". Y reímos de nuevo. Los dos compartimos el cariño por Juan.

Enrique, el presidente de la cooperativa de apicultores del Pilar, es un personaje; hay que ver cómo relata la historia de su jefe inglés que algún día le enseñó el significado de la responsabilidad ambiental, siendo Enrique jefe de operaciones de una planta de producción de empaques de lata, donde trabajaba con italianos, galeses, españoles, polacos y hasta argentinos. El inglés sólo le dijo: “es la última vez que riegas aceite sobre tu bello país”. Enrique había tirado, por última vez, el derrame de aceite de la planta a los campos contiguos. Enrique no usa celular, es un hombre fuerte, franco y tierno que abre los ojos al hablar y conoce a todo el pueblo por nombre, apellidos y árbol genealógico. Dice que su mayor felicidad es cuando por fin tiene tiempo para almorzar en su casa y su esposa le pregunta, “¿y hoy que queremos comer?”, el resto del tiempo lo invierte de un lado a otro, haciendo gestiones para su cooperativa que, como ya mencioné, está pronta a vender su primer frasco de miel de comercio justo.

Damián completa el trío que de los 27 socios de la cooperativa se encargó de mí. El es culto, sabe muchísimo de árboles y de historia. Habla bajo, es muy suave para ser argentino y tiene una doble fractura en su pierna derecha por lo que anda en muletas. El carro de Damián, un Ford Fiesta como el que tenía mamadela, es el auto oficial de la cooperativa. A veces lo maneja Juan o Enrique, ellos llevan la esposa de Michi (así le dicen con mucho cariño a Damián) al trabajo, luego recogen a Damián, que decidió estudiar en la Universidad del Salvador a los 40. Y el Ford anda todo el día, medio destartalado. Hoy tuvo un problema, como decía Enrique en la llamada anterior. Michi o Damián es un ser con la luz de aquellos que saben mucho más de lo que dicen y guardan su inteligencia con humildad. Al despedirnos me regaló cada cuestión que dejamos pendiente, la música y la historia de la Argentina: un Cd repleto de su música preferida y Lo pasado pensado, un libro muy valioso de Felipe Pigna.

Juan llamó a una especie de compañía de taxis, son carros -Renault 12 la mayoría- privados que operan bajo una cooperativa de transporte sin mucho papeleo (me imagine, luego Juan me conto que eran remises), para llevarme a la entrevista en tv con Oscar, quien hace todo lo que tenga que ver con periodismo en Pilar, además baila tango, canta y seguro debe ser un gran cocinero y un amigo de maravilla. Pilar es un pueblo pequeño que empezó a rodearse de countries, unos condominios de gentes con dinero, que se encierran tras rejas y vigilantes armados, nunca van al pueblo y sólo se mueven en coches de lujo al trabajo/universidad/colegio o al centro comercial a 5 km de Pilar.

Al terminar la entrevista para la televisión con Oscar (acá se pronuncia con acento en la a), éste me dio otro beso con fuerza; al menos me han dado unos 10 besos masculinos y yo he correspondido con casi la tercera parte. Había unos 10 niños con sus profesores esperando en el estudio, que serían entrevistados por haber ganado un premio intercolegial, (por una campaña para el cuidado del corazón). Al terminar mí entrevista ellos y ellas y sus profesores aplaudieron como si yo hubiera contado un buen cuento. Esa noche repartí abrazos y me tomé fotos con los niños.

Además de la tele, también hice tres notas radiales en las tres emisoras de Pilar; uno de los periodistas, gordito y queridísimo, se entusiasmó tanto con la posibilidad del comercio justo en Pilar que terminó regalándome una deliciosa botella de vino. Hablé a estudiantes y profesores de Agronomía en la Universidad del Salvador, el secretario académico es la ostia, como diría David, mi íntimo amigo de España. Y justo el hoy, que hoy recuerdo de Pilar, me di cuenta que, por no revisar con cuidado el correo, me perdí de dar una conferencia en la Universidad de Buenos Aires. Si pude dar una charla a la Directora Nacional de Alimentos y a su equipo, lo que representaría en Colombia una fracción de la plana mayor del Ministerio de Agricultura.

En síntesis Argentina me abrió los brazos y se crearon compromisos de traerme con más tiempo y mayor financiación para el próximo año. En eso ayuda mi hermano Gustavo.

Así fui feliz al Sur del Sur. En Argentina crece el sueño de una economía solidaria y un comercio justo, mientras algunos encontramos la mejor excusa para hacer nuevos hermanos latinoamericanos.

Abrazo fuerte.
Luis Felipe.
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